Es muy común que con el paso de los kilómetros surjan algunos problemas, pero hay que tener muy claro que el embrague es un elemento de desgaste del vehículo y que muchas veces su reparación o sustitución es más parte del mantenimiento del vehículo que una avería en sí mismo. El conjunto del embrague es primordial para transmitir la potencia del motor de nuestro coche a las ruedas.

El embrague es una de las partes que puede mostrar multitud de anomalías o problemas de funcionamiento distinguiéndose entre el propio desgaste y el resto de averías que pueden suceder.

Los síntomas que nos indican que algo está estropeado o desgastado en nuestro sistema de embrague, son diversos, por ello vamos a repasar cómo saber si el embrague está gastado, diagnosticando el problema y aportando una solución.

Si vemos que las revoluciones del motor suben, pero la velocidad no sube (o no lo hace de forma exponencial) es un claro síntoma de que el embrague patina. En ocasiones, tras hacer esta prueba el coche empezará a oler a “embrague quemado”.

Si el pedal de embrague de tu coche está muy duro puede ser un claro indicador de un desgaste excesivo del disco, aunque es conveniente asegurarse previamente de que el problema no sea del cable del embrague o el propio sistema hidráulico.

Es imposible determinar en que kilometraje concreto el embrague debe ser reemplazado ya que el uso que hagamos del vehículo es el que determina dicho tiempo. Lo que si está claro es que, si andamos mucho por ciudad, es decir en continuo arranca y para, el embrague sufrirá un desgaste mucho mayor que en recorridos largos por autopista o carretera. Costumbres como llevar el pie sobre el embrague durante toda la conducción, provocan que surjan problemas mucho antes en nuestro vehículo.

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